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Sex Education: mejor hablar de ciertas cosas

La serie de Netflix estrenó su segunda temporada y volvió a hacerle frente a los tabúes sobre la sexualidad.

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Sex Education: mejor hablar de ciertas cosas - Radio Cantilo

miércoles 22 Ene, 2020

Asexualidad, homosexualidad, bisexualidad, masturbación, placer, acoso, sororidad, amor romántico y no tanto, drogas, discriminación, vínculos familiares, construcción de masculinidades, presiones sociales, anticoncepción, aborto. No hay temática que Sex Education deje de lado. La serie de Netflix volvió el pasado 17 de enero con su segunda temporada y su regreso estuvo marcado, nuevamente, por los cientos de impulsos y estímulos sexuales que acompañan a un grupo de adolescentes y, en algunos casos, a sus padres y madres. 

Con el objetivo de romper ciertos tabúes y de poner sobre la mesa la discusión acerca de la sexualidad y sus múltiples formas, la tira británica apela en gran parte de su relato al clásico humor inglés para hablar de las temáticas que abruman a los y las adolescentes. Y lo hace teniendo como escenario principal la escuela secundaria, un espacio de constante tensión en el que se forjan a diario diferentes aspectos de la personalidad. 

En el colegio del pequeño pueblo donde transcurre la historia, dos adolescentes deciden iniciar una clínica de consulta sexual para asesorar a sus pares frente al centenar de dudas y problemáticas que se presentan: desde fetiches hasta enfermedades como la clamidia o el vaginismo. Pero, ¿por qué tienen que habilitar este espacio clandestino que ganó popularidad entre los y las estudiantes de la Moordale High? Porque la institución no les brindaba las herramientas, la información ni la contención que necesitaban. 

En nuestro país, la Educación Sexual Integral (ESI) es ley desde el 4 de octubre de 2006. La legislación se promulgó con el objetivo de contemplar como un derecho el acceso de los y las jóvenes a esta formación. Entre 2011 y 2015 fueron más de 55.000 los y las docentes que recibieron capacitaciones de forma presencial y el número se eleva si hablamos de las que se dictaron de forma virtual. Sin embargo, a casi quince años de su sanción, fueron múltiples los avances y retrocesos que hubo para lograr su plena implementación y la lucha continúa hasta estos días: la constante resistencia de gran parte de la comunidad educativa y también de otras instituciones como la iglesia y la familia dificultaron la garantización de ese derecho e hicieron que el Estado no pudiera intervenir como la ley lo establecía. 

“En 2015, antes del cambio de gestión, salió la ley Educar en Igualdad, que preveía que hubiera al menos una semana en todas las escuelas en las que se trabajara la ESI. Pero eso atenta contra el espíritu de la primera ley, porque no cumple el objetivo de que la ESI se dé de manera transversal y continua. Esto sucedió en los últimos cuatro años, al menos en las escuelas públicas”, explicó Amanda Lozina, trabajadora de la Dirección de Género de la Prosecretaría de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata. En ese sentido, también destacó que en la provincia de Buenos Aires, durante la pasada gestión, “se implementó el Programa de Embarazo No Intencional Adolescente, en donde hubo foco en la prevención. Pero también se corre de lo que propone la ESI porque su planteo es biologicista, habla desde el lugar de la procreación. No habla de deseo, no habla de las posibilidades del contagio de enfermedades de transmisión sexual, de la no violencia. Más allá de que el o la profesional a cargo puede enfocar algunas cosas en ese programa, se desdibuja un montón la transversalidad y la intencionalidad de la ESI”.

El panorama, se espera, cambiará en los próximos meses dada la creación del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad en la Nación y del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual en la provincia de Buenos Aires, una demanda que nació a partir de las necesidades, las luchas y discusiones que se visibilizaron en los últimos años de la mano del movimiento de mujeres y de las disidencias sexuales. “Yo destaco siempre de la ESI que, al estar pensada desde el Nivel Inicial, hay Educación Sexual Integral para niños, niñas y niñes desde temprana edad. Es fundamental para prevenir abusos infantiles o para que puedan ser percibidos. Después está la erradicación de la violencia, la prevención. Porque abarca muchísimo más que el acto sexual en sí mismo”, agregó Lozina. 

Educación Sexual para decidir

Desde la sanción de la ley 26.150 hubo algunos momentos históricos que marcaron la urgencia de su plena implementación. “La demanda nace con mayor fortaleza en 2015 a partir del Ni Una Menos. Es una demanda que surge cuando el número de femicidios empieza a ser visto y ante la necesidad de una política pública que pueda ponerle un freno a eso. Y después con la discusión por la legalización del aborto en 2018. Ahí fue una demanda puntual del estudiantado para no hablar solamente de aborto sino también de métodos anticonceptivos y preventivos, de romper el biologicismo. Para hablar de las violencias, del deseo, del amor, de identidades trans y travestis. Entre esos aciertos está poder generar vínculos afectivos o sexo-afectivos sin violencia, respetuosos”, contó Lozina. 

En ese sentido, la Educación Sexual también se erige en una herramienta clave para romper con tabúes, combatir la desinformación y promover la diversidad. Entre adolescentes, aún hoy, siguen existiendo miedos y restricciones, especialmente en lo que tiene que ver con la orientación sexual. Y esto se debe, principalmente, a que la heterosexualidad sigue siendo la norma y un parámetro que encuentra sus cimientos en la familia y en los medios de comunicación. Con esto, afirma Lozina, “la homosexualidad y la bisexualidad pasan a ser temas tabúes, sobre todo para varones. Porque la construcción de la masculinidad determina que para ser un buen varón, hay que ser heterosexual. Y después en las mujeres hay un silenciamiento. La piba lesbiana no existe, porque es la machona. No se habla de masturbación. Recién hace algunos años, a partir del movimiento de pibas en las calles por la legalización del aborto empezaron a poner en discusión otras luchas y otras consignas. Aún así, al momento, sigue siendo un tabú en las adolescentes”. 

Luego, enfatizó en que “las identidades trans tienen una brecha enorme de desigualdad en relación a la identidad cis género. Las personas trans en la adolescencia viven hostigamiento, persecución. Es un pasaje por la adolescencia muy duro, muy cruel. Incluso situándolo en el 2020 sigue siendo difícil, muchas identidades trans y travestis hacen su transición de género luego de haber terminado el secundario porque saben lo dificultoso que es atravesar la escuela con una identidad trans o travesti”. 

 

¿Qué contenidos consumen los, las y les adolescentes cuando miran cine y televisión? 

El cine y la televisión son, desde sus comienzos, dos enormes maquinarias que han creado imaginarios sociales y se transformaron, con el paso del tiempo, en dos de los principales formadores de opinión. Y también en una herramienta educativa que goza de un alto grado de legitimación y aceptación. “La industria cultural es el lugar donde les pibes tienen su principal foco de recursos. Por supuesto que genera confusión, desinformación. No es que sea un monstruo, pero lo cierto es que siempre está bueno que pueda ser corroborado y trabajado desde la institución educativa, desde la institución familiar y de todas las instituciones que en el medio forman parte de una vida sexual libre, plena, deseosa, sin violencias: la salud, la seguridad, la justicia”, sostuvo Lozina. 

Sex Education, a diferencia de Euphoria, la otra gran serie juvenil de la actualidad, decidió, a través del humor, poner sobre el tapete las dudas, los temores y las incertidumbres de los y las adolescentes en torno a su sexualidad. Explora en su manera de ver y sentir el mundo con total naturalidad, genera sentidos en torno al deseo y rompe un puñado de tabúes instalados en el inconsciente colectivo. También se toma el trabajo de informar y de enseñar, siendo una herramienta didáctica de las que no abundan en los medios. Y todo esto lo hace utilizando como canal la plataforma de streaming más popular del planeta. 

Sin embargo, ninguna de sus buenas intenciones o su cuidadoso guion serán realmente transgresores ni cambiarán la realidad de muchos y muchas adolescentes si en su cotidianidad no hay políticas públicas que puedan responder a sus necesidades y demandas. La industria cultural en muchos casos acompaña y visibiliza un proceso de transformación mucho más amplio y complejo que tiene que garantizar el Estado, desmitificando cuestiones que giran en torno a la sexualidad, brindando información acorde y derribando tabúes, miedos y violencias.

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