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#RadioCine: “Simposio de cine pulp”

Dario Lavia en su camino iniciático que ha denominado #RadioCine despliega su segmento a realizar un "Simposio de cine pulp"

#RadioCine: “Simposio de cine pulp” - Radio Cantilo

lunes 03 Dic

La teoría dice que podemos llamar pulp ea las publicaciones impresas en pulpa de papel, que es la continuación de una tradición de impresión barata para buscar un beneficio sencillo de una manera que se antoja complicada. Vamos, la tradición de pliegos de ciego, penny dreadfuls o dime novels que presentan casos espectaculares, sensacionales, para que el público consuma en gran número y con avidez… sin caer en que agradar al gran público y publicar mucho y rápido exigía una enorme cantidad de trabajo que rara vez compensaba no ya al autor, que es algo casi asumido, sino incluso al editor. Y, sin embargo, de ahí viene la palabra. No solo de ahí, sino también de los héroes y escritores que frecuentaron esas publicaciones y de los géneros más populares, el negro y el fantástico.

Casi seguro que eso lleva a citar a los nombres sancionados a posteriori por la crítica, reivindicaciones de Chandler, Howard, Hammett Lovecraft que parecen querer constreñir la ingente producción de este tipo de publicaciones y señalar que había algunos autores dignos entre tantos trabajadores. Todo ello sin entrar a pensar en la opinión que Chandler tenía de su propio medio, en cómo Howard husmeaba tendencias y se lanzaba a por ellas intentando convencer a Lovecraft de que hiciera lo mismo, o lo divertido que podía llegar a ser que Hammett intentara introducirse, de manera completamente antinatural para él, en la weird menace con La maldición de los Dain.

De ahí que pronto los críticos trataran de aplicar el término pulp a todo lo que era popular, sin pararse a intentar comprender las relaciones, como si los seriales cinematográficos o las radionovelas siguieran las mismas reglas por ser exitosas o introducir aventuras fabulosas, cuando en realidad lo que pasaba es que muchas veces las creaciones se limitaban a pasar de un medio a otro. Al fin y al cabo eso ocurría con el resto de creaciones: antiguamente, los personajes más fantásticos pasaban de la tradición oral a la escrita y se extendían por cantares y representaciones en cuanto había oportunidad, y la variedad de medios del siglo XX solo contribuyó a ello. Al fin y al cabo, si el Dan Turner de Robert Leslie Bellem pudo pasar rápido a las tiras de prensa, e incluso aparecer en una película como ejemplo de todo un Spicy Detective que era, no debería haber mucho problema para que obras mucho más vendibles a un público más familiar tuvieran la misma suerte. Y vaya si no hubo quien la tuvo.

Pero… ¿qué es el cine pulp?
Podrían discutirse producciones inesperadas como Las aventuras de Buckaroo Banzai (The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension, 1984, ), película difícil de incluir en casi cualquier movimiento o referencia -no digamos ya en nivel de producción- pero con una aproximación en su escritura que debe mucho a la rapidez de escritura e imaginación del pulp. Algo menos podría durar la discusión sobre El palacio de los espíritus (1963) pues las credenciales de su director Roger Corman y el tener de actor principal a Vincent Price convalidan para casi cualquier cosa. Lo interesante aquí, sin embargo, es que pese a venderla como Edgar Allan Poe’s The haunted palace e incluirla en su ciclo de adaptaciones del de Boston, la sutileza con las fuentes era tan mínima que enseguida descubrimos que Price interpreta a un tal Charles Dexter Ward, imaginado por Lovecraft. La libertad con el que trata el material aparecido en Weird Tales es la esperable y hace incluso más claro que a veces lo más pulp no es el material en el que esta escrito sino la actitud con la que se encara la creación de una obra.

Precisamente por eso Roger Corman era todo un maestro del asunto. Con 89 años y una carrera que comenzó en 1954 y continúa aún hoy en día, Corman ha ido pasando por todos los tipos de distribución posible mientras buscaba la manera de seguir produciendo y vendiendo sus películas, realizadas con un presupuesto más que ajustado. Siempre con un ojo en lo que se llevaba en cada momento comparable solo al de la cinematografía exploitativa  italiana, por sus manos han pasado bestias prehistóricas, películas de baile, de moteros, de acción y terror de todo tipo, blaxploitation, mujeres en la cárcel, más bestias prehistóricas e incluso una webserie para Netflix. Pero en realidad, Corman es sobre todo la cara más conocida de lo que podríamos considerar estas Películas Pulp.

Porque desde los mismos inicios del cine hubo ya creadores tratando de sacar tajada rápida, sensacional y exploitativa. Al margen incluso de las producciones abiertamente pornográficas que aparecieron prácticamente a la vez que el invento, aunque antes en Europa que en Estados Unidos. Sin embargo, la necesidad de revestir de una cierta respetabilidad el recién nacido medio hizo que esta explotación inicial fuera más por la presentación de perversiones que deben ser evitadas: cautionary tales obra de genios de la explotación como Dwain Esper e Hildegarde Stadie, capaces de crear películas como Maniac (1934) que no solo aseguraba querer enseñarnos los problemas de la mente enferma, sino que también recurría a Edgar Allan Poe para añadir como excusa una muy libre adaptación de su El gato negro. En cuanto el sistema de estudios se estableció en los años treinta muchas de estas películas se reconvertirían en el acercamiento a la producción conocido como Serie B, practicado para rellenar pases, sobre todo del Oeste -género querido también por el pulp, como demostraría cualquier colección de bolsilibros de Lafuente Estefanía– pero pronto también thrillers y, en general, todo lo que las productoras del llamado Poverty Row -es decir, las que se dedicaban a la producción barata entre los años veinte y los cincuenta, que solían tener sede en Gower Street, Hollywood- creaban para internar ir sobreviviendo con fortuna desigual. La Serie B es sobre todo una demostración de que siempre ha existido ese interés por el aprovechamiento cultural de los mínimos de producción y máximos de difusión. No solo a lo largo de la historia, también de la geografía: de la multiplicación de los kaijus japoneses al cine de rumberas mexicanos o a sus aproximaciones con luchadores, todos los países parecían tener una idea de cómo sacar dinero con la mínima inversión posible.

Lo importante era el abaratamiento de costes y la posibilidad de llegar a un público mayor. De ahí que el gran salto de los géneros explotables se diera a los drive-ins, midnight movies, proyecciones universitarias y, en general, todas las pantallas que podían eludir el control de las autoridades y los grupos moralistas para emitir no solo las locas creaciones protogore de Herschell Gordon Lewis o cualquier cosa que oliera a artes marciales sino acercamientos inocuos a la contracultura como las películas fumadas. Y después, la denominada Llegada del mercado doméstico. Es decir, la aparición de los aparatos reproductores en muy variadas formas, que han ido mutando a través de los tiempos hasta el punto actual, en que no existe una representación física de la película y el aparato en el que se reproduce es el mismo en el que se ve. Una situación que no ha eliminado la existencia incluso hoy día de aproximaciones a ese pulp que siempre ha estado moviéndose por los bordes, en la cascada de versiones de terror entre krimi, giallo, slasher y coproducciones variadas, entre las tripas de los Mondos o en los éxitos violentos de la Cannon, IFD o Empire.

Escucha el segmento #RadioCine de Dario Lavia de la revista “Cineficcion” dándole play al reproductor 👇👇

 

Fuente: Cineficcion

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