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#RadioCine: Jurisprudencia del pacto con el diablo

Dario Lavia en el aire de "El pacto Copernico" desarrollo su #RadioCine dedicado a repasar la jurisprudencia del pacto con el diablo.

#RadioCine: Jurisprudencia del pacto con el diablo - Radio Cantilo

lunes 05 Ago, 2019

Dice Basil Davenport: “el diablo, tal y como lo conocemos, es una invención comparativamente moderna.

Recuerdo mi sorpresa cuando, de chico, aprendí que las Escrituras no suministraban ninguna equivalencia certera entre la Serpiente del Génesis, el Adversario del libro de Job, el Lucero de la mañana de Isaías, el diablo que tienta a Jesús en el desierto del Evangelio de Mateo y el dragón del Apocalipsis. Fueron los primeros exégetas de la Iglesia que decidieron atribuir a todos estos personajes la forma del antiguo dios Pan, el macho cabrío del culto de la fertilidad que fue eje fundamental de la brujería”.

A lo largo de nuestra historia, este concepto ha evolucionado, Marlowe y Goethe lo convirtieron en Mefistófeles, el personaje que tienta a Fausto haciéndole desear, claro, riquezas, poder, pero… concretamente juventud y virilidad para poder disfrutar de la rozagante piel de Margarita.

Mientras hoy en día la Universidad aún no unifica criterios sobre si efectuar o no pactos con funcionarios políticos de gobiernos dadivosos, en 1398 la Universidad de París reconocía oficialmente la posibilidad de llegar a efectuar pactos con Satanás.  Pero… ¿cómo sería un pacto con Él?

Johnannes Nider, en el “Formicarius”, segundo libro impreso sobre brujería, da pautas obligatorias del pacto: “El futuro adepto debe ir a una iglesia con su maestro, un domingo antes de que el agua haya sido bendecida. Allí negará a Cristo, la doctrina cristiana, el bautismo y la iglesia católica. A continuación rendirá pleitesía al Magisterulus, es decir, al pequeño maestro, el diablo, y beberá de una botella que contiene rica orina de Satán y sangre de niños”.

Guazzo, en su famoso “Compendium Malleficarum” de 1608, aporta las invocaciones que el adepto debe consignar para que todo esto cobre vigencia: “Niego al Creador” atención tuiteros que desean ganar seguidoras pelirrojas: “Niego al creador del cielo y de la tierra, niego mi bautismo, niego la veneración que profesaba a Dios, me acojo al Diablo y sólo creo en él”.

Luego deberá ofrendar un trozo de su vestido al diablo, entrar en un círculo mágico, donde tocaba la mano y besaba el ano del diablo, jurando obedecerle ciegamente. Y ahora el plato fuerte, el texto del pacto diabólico del párroco de Loudun, Urbano Grandier, que está en la Biblioteca Nacional de París

“Señor y amo mío, te reconozco como mi Dios, prometo servirte toda mi vida y desde este instante negar a Jesucristo y a María, a todos los santos del cielo,  y a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana; prometo rendirte homenaje al menos tres veces al día, así como hacer todo el mal posible, y perjudicar al mayor número de personas que pueda. De todo corazón niego la extrema unción y el bautismo, así como los méritos de Jesucristo. Te ofrezco mi cuerpo, mi alma y mi vida ya que de tí los recibí y por ello te los cedo sin el menor pesar”.

Firmado con su sangre por Urbano Grandier

Escucha el #RadioCine de Dario Lavia dando play al reproductor 

Ahora yo digo, ¿por qué pactar con el diablo? ¿Por qué renegar de Dios?

Creer en el diablo implica creer en Dios… sino, recordemos el último círculo del Infierno del Dante, con Lucifer masticando a los tres grandes traidores, Judas, Casio y Bruto.

¿Estamos confundidos y vemos en un ángel caído algo que ni el propio Satanás asume ser?

¿O los ángeles caídos somos nosotros mismos, cegados por nuestra vanidad, por nuestro narcisismo, que al quitarnos perspectiva, nos impide darnos cuenta de nuestra auténtica grandeza y real miseria?

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