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#RadioCine: el autoestopista

En una nueva entrega de El Pacto Copérnico, Darío Lavia nos trajo una nueva historia aterradora.

#RadioCine: el autoestopista - Radio Cantilo

lunes 02 Sep, 2019

“La señorita  Adams viaja por la carretera y sufre una pinchadura, y como toda persona con sentido común, cambia el neumático en la gomería de Cacho. A partir de ese momento, comienza a atisbar un hombre que hace autoestop.

Poe tiene un relato magistral, el favorito de Natán Solans. Se trata de ‘El hombre en la multitud’. ¿Por qué vemos a determinadas personas una y otra vez, a lo largo de semanas, meses, años? Nosotros vemos a esa persona y esa persona a veces nos ve, pero otras no. ¿Qué clase de coctelera mezcla los rumbos de innumerables seres humanos para hacer que determinadas personas, sin ningún vínculo entre sí, ni siquiera de vecindad, se vean yendo o viniendo? ¿Hacia dónde van, desde dónde?

Habiendo notado la presencia de este autoestopista tantas veces, la señorita Adams pregunta al encargado de la panchería de City Bell. El hombre andrajoso vuelve a aparecer. ¿Quién lo transporta? ¿Qué se propone? Su sola presencia y su insistencia en hacer dedo provoca que la señorita Adams comience a replantearse sus propias intenciones”.

“¿Cuál es la diferencia entre la prudencia extrema, la cautela fibrilar y la neurosis del perseguido? ¿Por qué a todos nos parece un caso clínico cuando nosotros también corremos, unos más veloz que otros, raudos hacia nuestro destino?

Por fin un regalo del cielo: un marino rumbo a San Diego que accede a subir al coche de la señorita Adams, para aprovechar el aventón y ella la compañía de alguien más, hasta que vio a ese hombre. Un tío mío decía: “mujer al volante, peligro constante” y en este caso, al menos, hemos de darle la razón.

¿Cómo sigue esto? Antes era la visión de un mismo autoestopista, luego el desequilibrio y el intento de arrollarlo y al final espantando al único compañero de viaje que podía tener. Tarde o temprano, agobiados de no encontrar el rumbo, la única esperanza es regresar a la matriz.

De repente, una llamada telefónica. ¿Qué noticias habrá, qué voz brotará del otro lado de la línea? Lógicamente no lo vamos a revelar, pero en el fondo, todos ustedes ya lo saben. Y si no lo saben, pregúntense cuánto hace que no se sienten realmente vivos. La señorita Adams, desde el libreto radiofónico de Lucille Fletcher, nos dice: ‘Hay un millón de estrellas en el cielo. Frente a mí, miles de kilómetros de desierto y montañas, en algún lado, él está esperándome’. ¿Quién es él? Responder ese interrogante nos llevará, automáticamente, a responder la pregunta fundamental que a veces, durante ese soplo de fugacidad preciosa, como diría Leopoldo Lugones, que es el lapso de vida humana, algunos de nosotros nos hacemos. Y otros no. Y es lógico que los que no se percaten de que están vivos tampoco se den cuenta que hayan muerto”.

 

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