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Let’s scare Jessica to death: un reflejo de época norteamericano

La icónica cinta de terror se convirtió en un clásico de culto que habla de una sociedad que se había dado cuenta de la hostilidad del mundo que la rodeaba.

Let’s scare Jessica to death: un reflejo de época norteamericano - Radio Cantilo

miércoles 05 Feb, 2020

El sueño americano terminaba empapado en sangre tras el fracaso que supuso la hiriente guerra de Vietnam. La sociedad estadounidense despertaba para contemplar un futuro más hostil y su enfrentamiento con la realidad se resolvería en un campo de batalla lleno de interrogantes sobre la familia, el amor, el significado del trabajo duro y la forma de vida basada en el capitalismo.

Estados Unidos abandonaba la infancia para convertirse de golpe y porrazo en un adulto cubierto de cicatrices tanto físicas como morales. Y la industria cinematográfica no fue ajena a este cambio de paradigma, que afectó incluso al cine de género. Una de las muestras tempranas de esta interpretación del traumático cambio a la edad adulta, en cuanto a sociedad, sería Let’s scare Jessica to death.

La cinta relata la historia de Jessica, su novio y un amigo que se dirigen a la granja que acaban de comprar en busca de la tranquilidad del campo. Abandonan Manhattan esperando que Jessica se recupere de las crisis nerviosas que la acosan desde la muerte de su padre. Tras un breve y tenso encuentro con los locales, el grupo llega al viejo caserón para descubrir que una joven la habita. Una vez hechos todos amigos, los días transcurren con una falsa tranquilidad que terminará por romper de nuevo los nervios de la protagonista debido a siniestros eventos. ¿Existe una maldición en esa casa o ella está perdiendo la noción de la realidad?

La película arranca con un prólogo donde Jessica, desfallecida sobre un bote, dice exactamente: “Sueños o pesadillas. Realidad o locura. Ya no puedo distinguir cual es cual”. Y esta premisa, esa frase digna del Poe más abisal, es la que John D. Hancock, director y guionista, decide llevar hasta el final, creando un círculo perfecto donde es imposible no sentir una fuerte empatía por Jessica.

Let’s Scare Jessica to Death es una película que desobedece al género cada vez que puede, una obra de muy bajo presupuesto donde subyace esa tristeza que fue moneda de cambio de la transición entre décadas. Una película de horror a la que no le explicaron cómo se hace una película de horror. Se trata del debut de Hancock, un eficiente realizador que nunca más volvería a dirigir una película del género, aunque estuvo detrás de cámara en varios capítulos de la iteración ochentera de The Twilight Zone y fue despedido de Jaws 2. Su producción más conocida es Bang the Drum Slowly, una historia de beisbol con Robert De Niro.

Su secreto es tal vez un ingrediente que a veces se les escapa a los exploradores del género: la desorientación como herramienta narrativa. Hay vampiros, lugareños inhóspitos, fantasmas, casas embrujadas y una protagonista inestable que podría o no albergar todos estos horrores en su cabeza. Centrada en una mujer que lucha con una enfermedad mental, ya que debe luchar para entender lo que es real y lo que no, la película demostró tener una influencia en las audiencias de arte y ensayo más tiempo del que nadie parecía querer. Durante años, Jessica fue difícil de encontrar, lo que ayudó a enfatizar su oscuridad, pero nunca desapareció por completo. Aunque inicialmente se pensó como una parodia de una película de terror, se transformó significativamente hasta convertirse en una cinta independiente genuinamente espeluznante y poco convencional.

Las luchas de Jessica están compactadas por su dependencia de los hombres de su vida. Jessica sirvió en muchos sentidos como precursora de lo que vendría después, ya que cineastas como David Lynch se adentraban en paisajes de ensueño que se negaban a sostenerse explícitamente en narraciones cohesivas. Como en muchas películas, el tono de Jessica es lo que importa y ahí es donde tiene éxito. La neblina en la que vive Jessica se comunica perfectamente por la iluminación natural y la niebla general del metraje junto con la falta de una fuerte resolución sobre lo que le pasó exactamente.

Jessica es una clásica narradora poco fiable y eso la convierte en un personaje muy intrigante con poco esfuerzo. Mientras deambula por la casa, voces contradictorias y argumentativas silban y le susurran, a veces pareciéndose a la voz de Emily, a veces a la suya propia. Cuando los demás se vuelven contra ella, el mayor enemigo de Jessica se convierte en su propia duda, lo que es conmovedor para muchas mujeres que han pasado gran parte de sus vidas siendo cuestionadas.

En la actualidad una actuación como la de la actriz Zohra Lampert aquí llevaría a una potencial carrera como reina del género, mientras que a principios de los 70 la película parecía pasar desapercibida y su actuación apenas se destacó por ser tan interesante como lo fue realmente en las críticas. Su interpretación de Jessica comunica perfectamente los cambios entre la gregaridad y la histeria, más eficazmente en los momentos en que parece tropezar con sus propias palabras cuando se apresuran a salir de su boca, saliendo en un desorden.

 

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