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Cine y TV

Hollywood y el mundo que no fue

La nueva miniserie de Netflix nos invita a soñar con una industria diferente.

Exclusivo web
Hollywood y el mundo que no fue - Radio Cantilo

viernes 08 May, 2020

Si hubo algo que caracterizó a la industria cinematográfica de los años post Segunda Guerra Mundial fue su afán por afianzar un modo de ver y de habitar el mundo. Tras el cese del conflicto y el posterior enfrentamiento con la Unión Soviética por la instauración de un sistema político y económico global, Hollywood se transformó en una de las principales herramientas que tuvo Estados Unidos a la hora de crear sentido, de vender sueños y utopías, de imponer valores. Desde ideales ligados al amor romántico y la familia hasta el peligro de un feroz comunismo: todo era relatado en el cine que se producía en la maquinaria cultural más grande del planeta.

Poco ha cambiado, en ese aspecto, desde entonces. Hollywood sigue siendo la industria del entretenimiento por excelencia y el cine, ahora en fiel pareja con la televisión, continúa operando con el mismo objetivo: instaurar costumbres, hábitos, consumos, creencias. Sí, también desde su seno se han creado producciones disruptivas, que cuestionan el status quo y que han visibilizado personajes y problemáticas que antes estaban en los márgenes. Pero no dejan de ser productos nacidos en las entrañas de la máquina de los sueños.

Ahora bien, ¿qué hubiese sido del mundo si nos hubieran contado otras historias, con otras voces? Hacía allí intenta ir, a veces con éxito y otras no tanto, Hollywood, la miniserie creada por Ryan Murphy y estrenada por Netflix el pasado 1 de mayo. En los siete episodios que la componen, la producción nos muestra a un grupo de jóvenes entusiastas, y a una compañía innovadora, darle forma a una película guionada por un escritor negro y homosexual, protagonizada por una actriz negra y con una historia de amor interracial. En medio de protestas de extremistas blancos y religiosos, con amenazas de muerte incluídas, el film llega a las salas de todo el país convirtiéndose en un éxito sin precedentes y arrasando en la entrega de los premios Oscar.

Aunque no ahonda demasiado en el conflicto, algo que podría haberla hecho una producción mucho más interesante, y por momentos peca de optimista, la premisa de mostrarnos una realidad alternativa en los años dorados de la meca del cine funciona y nos llena de interrogantes. Porque la vida de muchos marginados, como se definen a sí mismos los protagonistas en más de una ocasión, podría haber sido totalmente diferente si la gran pantalla hubiese decidido darles un lugar preponderante y que la chica negra dejara de ser solo la empleada doméstica, que la homosexualidad no fuera más sinónimo de perversión y pornografía, que la religión no se convirtiera en un impedimento para interpretar cualquier rol. Quizás, quién sabe, hoy no tendríamos que estar discutiendo la falta de directoras en las nominaciones a los premios, la escasa representación de las disidencias sexuales, las enormes diferencias salariales entre hombres y mujeres, por nombrar algunas de las tensiones vigentes.

“Las películas no nos muestran cómo es el mundo: nos muestran cómo puede ser”, define sin titubear en uno de los episodios Raymond, el personaje interpretado por Darren Criss. Con esa convicción decide cambiarlo todo y darle esperanza a los olvidados por una sociedad clasista, racista, homofóbica y ultra conservadora. Decide, ni más ni menos, cumplir el sueño de toda una generación.

Utópica e idealista, Hollywood nos invita a imaginar un mundo mejor, en el que los prejuicios pueden superarse a fuerza de voluntad, en el que los intereses económicos no son una prioridad, en el que cine cuenta nuestras historias. Un mundo en el que cabemos todos. Un mundo imposible, seguramente. Pero si no es Hollywood el que nos invita a soñar en grande, ¿quién más va a hacerlo?

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