Cine y TV

El camino de ladrillos amarillos de Judy Garland

El Mago de Oz fue la obra que la llevó a la fama mundial, pero también la que arruinó su adolescencia. En esta nota, un repaso por el musical más importante de la historia del cine y la vida de su protagonista.

El camino de ladrillos amarillos de Judy Garland - Radio Cantilo

martes 31 Mar, 2020

Trece años tenía Judy Garland cuando firmó un contrato con la MGM para rodar junto a la productora una serie de películas. Su talento innegable para cantar la habían convertido en una de las promesas de la industria y el estrellato parecía ser un destino ineludible para ella. Sin embargo, su tiempo allí se pareció más a un infierno que a otra cosa.

En 1938, tras descartar a una de las actrices infantiles más importantes del momento, MGM eligió a Judy para que encarnara a Dorothy, el personaje principal de El Mago de Oz y el papel que la convertiría en uno de los íconos más grandes de la historia del cine. Al principio no estaban muy seguros de aquella elección, puesto que la niña del libro en el que iba a basarse la cinta era mucho más chica que la ya adolescente Garland. Pero su voz era tan única y especial que no había otra figura que pudiera hacer ese trabajo.

Cuando se estrenó en 1939, El Mago de Oz fue un fracaso en taquillas pero, al mismo tiempo, fue una de las producciones más alabadas por la crítica de aquel entonces. Incluso obtuvo doce nominaciones a los Oscar y se alzó con la mitad de las estatuillas. No fue recién hasta su reestreno en 1949 que la empresa logró recuperar la inversión inicial y a partir de la década del 50, con la transmisión anual que realizaba la CBS del film, se convirtió en un clásico de culto. Tanto que, tiempo después, el Congreso de los Estados Unidos incluyó la película en el National Film Registry y la UNESCO la sumó al programa Memoria del Mundo.

Pero el rodaje no fue un camino de rosas para Judy. Durante aquellos meses, desde la empresa la obligaron a adelgazar y la sometieron a una estricta dieta que incluía pastillas y cigarrillos para quitarle el apetito y otro puñado de medicamentos para que pudiera dormir. Además, la obligaban a trabajar más horas de lo que la ley contemplaba para los menores de edad y el maltrato psicológico era moneda corriente en el set. Fue en esa época cuando el infierno personal de Judy comenzó: sus problemas de ansiedad y sus múltiples adicciones empezaron a ser incontrolables tanto para ella como para la productora.

Aunque durante las décadas del 40 y 50 continuó filmando películas de gran éxito y que le valieron reconocimiento mundial, la estrella de Judy Garland había comenzado a apagarse. Y los años 60 la encontraron en plena decadencia, habiendo perdido su fortuna y trabajando por un puñado de dólares que le permitieran sobrevivir día a día. Aunque fue una de las figuras cruciales para la industria cinematográfica y un hito de la cultura popular norteamericana, los días previos a su muerte en 1969 fueron solitarios y miserables.

 

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