×

Cine y TV

Cuentos Relatados a la Hora de las Brujas: The Ring

Otro viernes de cine, otro viernes de historias cargadas de horror de la mano de Rodrigo García Ferreyra.

Cuentos Relatados a la Hora de las Brujas: The Ring - Radio Cantilo

miércoles 27 May, 2020

Son las tres de la mañana y a esta hora de la noche es cuando comienzo a verla. Cuando cae la oscuridad y se levanta el velo de lo real y lo que no es de este mundo. Pero me pregunto qué es lo real, porque ya no lo sé. Ella parece como una voz que retumba a lo lejos, como un eco en una caverna y su imagen se empieza a dibujar en mi mente. Entonces me pregunto cuándo es el límite cuando nuestros seres queridos son los involucrados, cuando alguien que está cerca tuyo hace daño. Quizás se puedan tomar medidas, pero ¿si el daño no se puede probar y va mucho más allá de lo real? Debí darme cuenta al principio, pero como siempre vemos las cosas demasiado tarde y más cuando se trata de la familia o en este caso de una hija. Quizás sea parte de nuestra naturaleza, de nuestro instinto. Quizás sea parte de nuestra estupidez.

Estoy en una isla alejada de todo, un lugar de pescadores. Con mi mujer solíamos criar caballos. Nuestra vida era muy tranquila y muy pacífica, lejos del ruido y del mundo. Ahora que lo pienso, quizás era el lugar ideal para que se genere todo lo que nos pasó, todo lo que vivimos. En una ciudad grande hubiera pasado desapercibido.

El asunto es que nuestra niña desde muy pequeña era extraña. ¿Se imaginan una bebé que no duerme nunca y nunca llora? Desde el momento en que la adoptamos y la buscamos en el refugio, nunca lloró. O al menos no nos dimos cuenta. Cuando la veíamos nos veía seria, sin un solo gesto. Sabíamos que su madre había muerto, pero no preguntamos demasiado qué había pasado, no queríamos saber. Solo queríamos una hija, así que estábamos conformes, mi esposa Ann más que nadie. Pero siempre fue extraño. Cuando se enojaba algo ocurría. En ese momento era tal la alegría de ser padres que todo parecía ridículo y lo ignorábamos. Pero de alguna manera ese comportamiento te alteraba y alteraba a todos en la casa, inclusive a los animales. Siempre criamos caballos, pero cuando ella aparecía se asustaban. Con el paso de los años creció y esa oscuridad que traía se volvió más intensa. No teníamos fotos, porque muchas de ellas se velaban al sacarlas. Cambiábamos el rollo y ocurría lo mismo, los aparatos fallaban. Inclusive algunas veces los negativos aparecían marcados de una manera muy rara, como si cierta luz se hubiera filtrado, como si se hubieran quemado, aunque era imposible.

La niña tenía un gato pequeño. El día que el animal la rasguñó fue la señal principal que no vimos de que todo se iba a volver más peligroso. Pero cómo saberlo, cómo descubrir lo que estaba detrás de todo esto. Ese mismo día encontramos al gato muerto, mitad calcinado, mitad reseco y deforme, como si algo le hubiera pasado por encima con un calor arrollador. Lo mismo con algunos caballos. Comenzamos a encontrar caballos muertos, con la cara desencajada, como si algo los hubiera espantado hasta morir. Inclusive algunos tenían el corazón estallado.

Llevamos a la niña a un psiquiatra. Estuvo internada un tiempo. Los médicos no detectaron nada extraño o al menos no nos dijeron nada. Pero creo que esto empeoró las cosas. Intentamos mostrarle videos para distraerla, pero se borraban. Y mostraban algunas imágenes también, tan bizarras que al principio pensamos que era un error. Después vimos que sucedía cinta tras cinta. Al tiempo ocurrió lo de las niñeras. En la isla no hay muchas jóvenes que puedan hacer este trabajo, pero qué posibilidades hay de que de cinco niñeras cuatro se hayan suicidado y una desaparecido.

Sabía que en el pueblo comenzaron a culparnos. Dejé de salir, mandaba a empleados a escondidas a comprar las cosas para la casa. Mi esposa comenzó a perder la cabeza y despacio se fue sumergiendo en la locura. Ella me decía que escuchaba la voz de nuestra niña en su cabeza y jamás le creí, hasta que empecé a escucharla yo mismo. Sé que ella la amaba. Paseaban todas las tardes cerca del antiguo pozo y nunca imaginé que ese lugar formaba parte de un plan macabro. Ann una tarde la llevó a ese lugar y con una piedra golpeó su cabeza y la arrojó adentro. Ella estaba convencida de que la niña había ocasionado las muertes tanto de las personas como de los animales, las desapariciones, las deformaciones y los suicidios. Así que, quizás en un rapto de locura, decidió matarla y luego se fue caminando lentamente hacia el precipicio, justo detrás del faro, y se arrojó al vacío. A mí me avisaron esa misma tarde, cuando la encontraron sobre las piedras. Lo que nadie sabe es que ese mismo día, antes de que todo ocurra, sonó el teléfono y una voz muy lejana me pidió ayuda y la ignoré. A la semana, todos los teléfonos de la isla comenzaron a sonar al mismo tiempo, se quemaban y muchas personas comenzaron a morir espontáneamente. Las imágenes de la TV lucían parecidas a las cintas que ella veía mientras intentábamos calmarla.

Quemé todo lo que me conectaba con el mundo exterior, especialmente los teléfonos, porque de alguna manera extraña estoy seguro de ella me llamaba. Y me llamó para pedirme auxilio o para buscar venganza. Ahora estoy aislado, pero sigo viéndola en mi mente. No como una niña sino como un monstruo de cara deformada y pelo largo y negro. Y sé que pronto va a llegar mi momento, porque de alguna manera sé que va a lograr encontrarme. Quizás mi paranoia sea algo extrema o ya estoy sumergido en la locura, pero si en estos momentos tu teléfono comienza a sonar sin parar o la televisión se enciende sola, arránquenlo. Tírenlo. Y váyanse lejos ya, porque es muy probable que sea Samara buscando una nueva muerte.

Publicidad

LEETE TAMBIÉN...