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Cuentos Relatados a la Hora de las Brujas: Insidious

Reviví una nueva historia de horror en la voz de Rodrigo García Ferreyra.

Cuentos Relatados a la Hora de las Brujas: Insidious - Radio Cantilo

martes 12 May, 2020

Hace un par de días estuve paseando por el barrio y fue genial. Pude ver la casa de mi tía, el departamento donde vivíamos cuando nací. Vi la plaza donde jugaba con mis amigos, la heladería, la escuela. Y después fui a visitar a mi abuela. Sé que contarlo así no tiene nada de particular, el tema es que lo vi desde el aire mientras volaba. Porque cuando duermo suelo volar y ver lugares, inclusive algunos que no conozco. Creo que he estado en la cordillera, en el Mar Caribe y viajado aun más lejos, porque llegué a ver algo que creo era la muralla china. Veo de todo, me parece tan hermoso que me cuesta volver. Cuando lo hago no siento peso, es viajar sin equipaje, como una pluma en el viento. Así que me dejo llevar y viajo.

Siempre he soñado así. Cuando regreso no recuerdo mucho y este tipo de cosas no las cuento. Muchas veces he visto mi cuerpo dormir, sobre todo cuando estoy regresando. No recuerdo bien las cosas que vivo, pero encontré un método para poder recordar dónde estuve o a quién visité: lo dibujo y escribo apenas me despierto. El sistema es simple: dejás un lápiz y un papel al lado de la cama y apenas abrís los ojos escribís y dibujás lo que viste. Tengo cientos de dibujos. En el momento en que te despiertes vas a estar muy dormido y vas a recordar lo que soñaste. Quizás sigas durmiendo después de hacerlo. Cuando recobrás la conciencia, mirás el papel y ves lo que hiciste.

Hace algunas semanas visité amigos de la escuela que hacía mucho no veía. Los vi dormir. A la mañana siguiente leí en el papel sus nombres y recordé que los había visitado. Sé que hay veces que la persona a quien visito me ve porque me lo dicen: “anoche soñé con vos”. Sería bueno decirles que no soñaron conmigo, sino que nos encontramos mientras dormíamos.

Pero no todo es tan lindo a veces y por eso les cuento esto. De hecho estoy muy preocupado y asustado. Han habido mañanas en las que me encontré con dibujos de figuras muy extrañas. Una de ellas fue la que más miedo me dio, porque lucía como un demonio rojo y negro, con ojos amarillos. Parecía que tenía fuego en su cara y garras afiladas. También había varias personas de muchas épocas. Una me llamó la atención. Era un mujer vestida de negro con un tul sobre la cara y me sonreía y apuntaba sus brazos a mí, como si quisiera agarrarme. Estas imágenes comenzaron a ser más y más frecuentes y cada vez más atemorizantes. Y comencé a tener aun más miedo cuando mi familia lo veía en mi casa. Veían al demonio parado al lado mío mientras yo dormía. Aparecía y desaparecía en un parpadeo.

Mi madre estaba aterrada. Creo que no me lo hubiera contado si no hubiera visto mis dibujos. Una de las noches mientras volvía de volar vi al demonio rojo y a la vieja de negro parados al lado de mi cuerpo. Intentaron agarrarme, pero me solté y me desperté. Así los sueños se volvieron extraños. Los viajes no eran más a lugares lindos sino a sitios más oscuros, de donde me costaba encontrar el camino de regreso. Al mismo tiempo ocurrió algo terrible: comenzó la actividad en mi casa. El tocadiscos sonaba solo y era aterrador. Sobre todo porque eso acompañaba a pequeños niños que corrían por la casa, personas que aparecían y desaparecían mientras bailaban. Pero siempre entre ellos se paseaban mirándome. Un día encontré mis sábanas manchadas de sangre y las escondí. Era una sangre que no era mía y que delineaba la huella de una mano: la del demonio de mis viajes.

Ahora mientras lo cuento puedo recordar a la perfección sus ojos amarillos como una serpiente mirándome desde los rincones de la casa. Me di cuenta que me costaba volver de mis viajes así que decidí no soñar más. Cada intento por no viajar era peor. Si antes volaba sobre un mar, ahora me metía en un lugar oscuro y desolado. Intenté meditar, intenté orar, intenté protegerme. Pero era cada vez más difícil. Cuando podía volver con mucho esfuerzo llegaba a mi cuerpo y cada vez encontraba más seres a mi alrededor. Creo que al viajar mi cuerpo quedaba vacío y eso los atraía. Querían volver a sentirse vivos. Yo era una cáscara, un vehículo listo para ser ocupado. Así que intenté no dormir más.

Así pasaron los días y las noches. Era una batalla cada vez que caía dormido. Sin querer volaba, ya no controlaba lo que me sucedía. Y me aterrorizaba ver cada vez más fantasmas llegar a mi casa. Pero quienes más miedo me daban eran la vieja de color negro y el demonio. Hasta que un día ocurrió lo inesperado. Después de luchar mucho tiempo contra ellos y pudiéndolos mantener lejos de mí, una noche subí al ático y alguien o algo me empujó. Al caer me golpeó la cabeza y caí en un profundo sueño. Escuché que decían que estaba en coma, aunque sé que no lo estoy. Estoy apresado, lejos, en algún lugar. Solo veo oscuridad, algunas llamas. No sé si estoy en la casa de este ser o en la casa de la vieja. Lo que sé es que no puedo regresar. Así que si existe alguna manera, espero que alguien me escuche y le diga a mi padre que la persona que está en mi cuerpo compartiendo días con ellos no soy yo.

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