Cine y TV

Cuentos Relatados a la Hora de las Brujas: El Conjuro 2

Rodrigo García Ferreyra volvió a poner voz a una historia perturbadora.

Cuentos Relatados a la Hora de las Brujas: El Conjuro 2 - Radio Cantilo

lunes 18 May, 2020

Hace muchos años que estoy viviendo en esta casa. Al menos eso creo, porque por momentos me olvido cómo llegue hasta acá. Es confuso. Al principio no te das cuenta de lo que ocurre. Sos vos, pero no sos vos. Tengo imágenes de despertar en mi sillón favorito, pero nada fue lo mismo a partir de ese momento. Podía hablar, pero nadie me podía escuchar. Podía sentir el dolor en mi cabeza y la desesperación de dejar de respirar y de alejarme. Porque déjenmes decirles que no se termina rápido, que el cuerpo tarda en apagarse y en mi caso estaba ahí para presenciarlo.

Recuerdo mi vida como bastante monótona y aburrida más allá de la ira que me mantenía activo: odiaba a mi familia, odiaba al mundo. Creo que ese odio es lo que conservo de esos días. Después pasó lo que pasó y el tiempo me llevó hasta aquí. O mejor dicho me dejó aquí. Un derrame, una hemorragia me quitó la vida y desde ese momento me siento en un rincón todos los días a ver la vieja televisión, los mismos programas una y otra vez. De vivo estaba siempre esperando morir y hoy ya no sé qué esperar. Aunque los vivos me han dado más de una vez motivos para continuar. Es sorprendente cómo su mundo te alimenta, su energía vital se vuelve indispensable para tu movimiento. Inclusive a veces ese motivo es asustarlos. Su miedo es tan dulce.

Al principio solo me limitaba a estar cerca. Hasta que descubrí que todo el odio que conservaba se trasladaba a ellos. He visto en la casa antiguos habitantes caminando por los pasillos. No podrían reconocerlos porque han perdido la forma. Estar desencarnado hace que te deformes. Como yo, que lentamente me voy deteriorando en mi viejo sillón. Hace poco una familia vino a la casa. Una madre y cuatro niños. Se las veía muy felices. Lo que no sabían es que yo vivía ahí. Este es mi lugar, se tenían que ir. Me enojé muchísimo y su miedo se transformó en mi alimento. Las pequeñas Janet y Margaret fueron blanco de mi tortura. Solía esconderme en los rincones de las habitaciones o subir por las escaleras haciendo ruido. Estaban aterradas y hasta cierto punto me resultada muy divertido. Lo que no me imaginaba es que al poco tiempo iba a aparecer ella o él o eso.

Una casa puede tener varios muertos y puede haber algunos más fuertes que otros, inclusive más malvados. Pero ninguno se compara con la presencia de un maldito demonio. Lo vi un día en el pasillo. Era como un torbellino negro con una capucha oscura. Se movía entrando a las habitaciones y salía y sé que me miraba. Con el tiempo comenzó a cambiar. Se volvió mas oscuro y el torbellino se transformó en una túnica negra y una cara deforme de la que podía distinguir dientes afilados y esos ojos espantosos. Cómo llegó no lo sé, quizás haya venido a esperar a alguien. Pero pasé de ser quien atormentaba a ser atormentado. Sé cuando va a venir a manipularme porque me llama. Y comienza el dolor que va mucho más allá de cualquier sufrimiento físico que alguna vez sentí. Son agujas en mi cabeza.

Intenté pedir ayuda por primera vez desde que estoy muerto pero para los vivos soy un fantasma más que debe irse. Intenté hablar a través de Janet. Solo logré que llegue más gente. Llamaron a la policía, a los diarios. Incluso hombres con cámaras que nunca antes había visto. Había investigadores que trataban de encontrar pruebas de que existe lo sobrenatural y de que la casa está embrujada. Si supieran el secreto que los espera en los rincones. Y que hay alguien vestido de monja que está esperando para cazarlos uno a uno, saldrían corriendo y nunca más podrían un pie en este lugar maldito. Espero que puedan ayudarme porque este demonio no me va a dejar ir a ningún lado. Quizás este sea mi castigo por odiar tanto o quizás simplemente está jugando conmigo como yo jugaba con los habitantes de la casa.

Si alguna vez pasan por el 284 de Green Street, Londres, saben que detrás de la puerta voy a estar yo.

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