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Cabaret: Bob Fosse y un hito sin igual

El musical protagonizado por Liza Minelli se convirtió en un ícono de la cultura popular gracias a la particular mirada de un oscuro y atormentado Fosse.

Cabaret: Bob Fosse y un hito sin igual - Radio Cantilo

martes 28 Abr, 2020

Cuando Bob Fosse se metió en el proyecto de Cabaret pocos confiaban en que podía llegar a convertirse en un éxito. Ni siquiera él lo imaginaba, especialmente luego del fracaso en la taquilla que había significado su debut como director en la pantalla grande de la mano de Sweet Charity, una historia con la que había arrasado en Broadway. Y aunque en las tablas neoyorquinas era valorado y amado como pocos, Hollywood era un lugar que no era fácil de conquistar para él.

Pero en 1971 le llegó la oportunidad que le daría un vuelco a su carrera y que lo transformaría en uno de los nombres más importantes dentro del cine de aquel entonces: Cabaret, la película que protagonizó Liza Minelli. Para ella, por supuesto, también fue un cambio rotundo: era la primera vez que le daban la chance de encabezar una cinta y, además, de poder cantar en la pantalla grande.

Filmada en Munich, la película fue no solo un hito de la época sino también un ícono de la cultura popular. Y eso se lo debe, principalmente, a su carácter transgresor. Ambientada en 1931, en la Berlín de la República de Weimar, la cinta nos muestra a Sally, una bailarina del Kit Kat Club y su vida en los años que preceden la llegada de Hitler al poder. Pero además, a Fosse no le tembló el pulso para hablar de bisexualidad, de totalitarismo, de prostitución, de amor libre, de aborto, de los sueños truncos, de corrupción. Y para demostrarnos que en los musicales no todo era color de rosas y finales felices.

Todo esto, a su vez, llevó a que la película fuera el primer musical en ser calificado con la temida letra X: es decir, destinada solo a un público mayor de 18 o 21 años. Si bien luego se cambió esa calificación, su carácter pseudo prohibido le dieron una carga simbólica aún mayor y la hicieron sumamente atractiva para el público de aquel entonces que estaba enloquecido por ver a Liza Minelli.

La película tuvo críticas positivas por donde se la mire, sobre todo porque no era un musical más plagado de buenas canciones: tenía una historia profunda y real y, al mismo tiempo, un contexto siniestro que la acompañaba. Eso la llevó, un año después, a alzarse con ocho estatuillas en los premios Oscar, incluidas las de mejor director y mejor actriz. Perdió como Mejor Película con El Padrino, pero Fosse batió a un solemne Francis Ford Coppola.

Cuando cumplió 30 años de su estreno, la película fue elegida por la Smithsonian Instituion como una de las 10 cintas elegidas para preservarse para las generaciones futuras y en 2007 el American Film Institute la ubicó en el puesto 67 de las 100 mejores de todos los tiempos. Considerado por la crítica como el musical más importante de la década, cuando a Bob Fosse le recriminaron su oscuridad y la impronta que le estaba dando a la historia él respondió, contundente, que no sería solo un maldito musical. Y cumplió.

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