Cine y TV

Breaking Bad a 10 años de su estreno

A una década del estreno de Breaking Bad, Hernán Moyano y Rodrigo Garcia Ferreyra repasaron lo mejor de este clásico absoluto en formato chico, en el aire de "El pacto Copernico"

Breaking Bad a 10 años de su estreno - Radio Cantilo

martes 17 Sep, 2019

Ya ha pasado una década desde que el episodio piloto de Breaking Bad, la valoradísima serie creada para la AMC por Vince Gilligan en 2008, viese la luz. Si bien no fue hasta la segunda parte de la quinta y última temporada cuando ocurrió el boom de audiencia en Estados Unidos, pasando de 1,23 millones de televidentes en la inicial a 4,32 millones de media en la última, con 10,28 para la conclusión, ha acabado siendo considerada una de las mejores ficciones televisivas de la historia. El escritor George R. R. Martin, responsable de la saga de novelas de Juego de tronos y de su exitosa adaptación televisiva, dijo que “Walter White [Bryan Cranston] es un monstruo más grande que cualquiera en Poniente”; y todo seriéfilo que no haya olvidado la responsabilidad letal del personaje sabe que esta afirmación es completamente cierta.

Hay que diferenciar sus asesinatos directos y las muertes ocasionadas por él mismo de forma indirecta, y de estas últimas, entre las deliberadas por acción u omisión y las que no pretendía que sucediesen pero de las que no hay duda que es culpable también, al margen de si las perpetró en legítima defensa, cálculos arteros o por venganza. En todo caso, el pequeño traficante de drogas Emilio Koyama (John ídem) fue el primer fallecido a manos del futuro Heisenberg: le asfixió en la caravana durante el episodio piloto con gas fosfano porque probablemente iba a matarle a él y a Jesse Pinkman (Aaron Paul). Luego estranguló con una cadena de bici a Krazy-8 (Max Arciniega), socio cautivo de Koyama intoxicado por el gas, en el sótano de Jesse durante “… And the Bag’s in the River” (1×03) porque descubre que pretendía apuñalarle con un pedazo de plato roto.

Escucha el informe completo sobre “Breaking Bad” haciendo click en el reproductor

 

Un programa imperdible por estas razones.

1. Bryan Cranston

En la historia de la televisión, ningún personaje ha cambiado tanto como Walter White. Su transformación de profesor inteligente pero venido a menos a criminal despiadado y sin escrúpulos es, simplemente, fascinante. Del maestro de química en calzoncillos en el desierto pasamos al ‘cocinero’ de metanfetamina con su barba estilo candado y su gorra negra, el temido Heisenberg. Una trama inverosímil a priori, pero justificada para mantenerla a lo largo de las temporadas. Mientras se acerca el final, uno como espectador tiene sentimientos encontrados: admirarlo o despreciarlo, comprenderlo o criticarlo, llamarlo genio o miserable, o hacer y pensar todo lo anterior.

Aquí dos diálogos que ejemplifican por qué merece una mención aparte:“I’m not in danger… I am the danger”

“Say my name”

2. Personajes exquisitos

Heisenberg está secundado por otros personajes cuyas características y caracterización los hacen ser determinantes, pintorescos y atractivos en el desarrollo de la historia. Ahí están los magistrales Jesse Pinkman (Aaron Paul); Hank Schrader (Dean Norris); Skyler White (Anna Gunn); Gustavo Fring (Giancarlo Esposito); Saul Goodman (Bob Odenkirk, a que verlo en la próxima “Better Call Saul” será gratificante), y Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks). Cada uno con diálogos y escenas memorables. Y no olvidemos a Tuco, Flynn, Marie y Steven Gomez. Y los gemelos del cartel y el tío de Tuco. Con tan buenos personajes, imposible no andar pegado a la pantalla.

Aquí algunos de los mejores momentos del excelente actor Aaron Paul

3. El suspenso

Alguna vez escuché a un escritor decir que en un buen cuento no sobraba ninguna palabra. Pues en una buena serie no debe sobrar ni un solo capítulo. Y así sucede con la obra de Gilligan. Ver “Breaking Bad” es una adicción. El factor sorpresa está presente en cada capítulo, y cada uno te deja pidiendo más. Siempre queda algún cabo suelto por resolver, siempre hay algún elemento latente que potencialmente puede llevar al desastre. Los flashforwards y las vueltas al pasado juegan roles determinantes. El hecho de que los personajes sean llevados al límite hace que uno sienta que en cualquier momento se quebrarán o enloquecerán. Podríamos mostrar innumerables escenas. Acá les dejamos dos:

La muerte de Gustavo Fring

El encuentro de Walter White con Tuco

 

4. Música y cinematografía

Escuchar “Breaking Bad” también es un placer en sí mismo. Canciones como “Baby Blue” al final, “Rocket Scientist” de Teddy Bears, “It’s such a good night” de Charlie Steinmann, “Bonfire” de Knife Party, entre otras, fueron perfectas para sus respectivas escenas. Todo ello con un manejo de la fotografía impresionante. El aspecto visual de la serie es tomado muy en serio, tanto para las detalles como cuando se cocina la metanfetamina o la sangre en los asesinatos, como en los ‘time lapses’. Hay que prestar mucha atención a los inicios de cada capítulo, como si fuesen pequeños cortos magistrales, y muchas veces solo conceptuales.

De cuándo acá un inicio como este, que podría parecer patético en la cabeza de alguien, puede resultar ser tan grandioso como quedó.

5. Final impecable

Una historia no es redonda si el final no es perfecto. Y este lo fue. La expectativa por el último capítulo hacía temer un desenlace poco satisfactorio como ocurrió con el criticado final de “Dexter”, por dar un ejemplo. Pero “Felina” deslumbró hasta a los más escépticos. Walter podía haber escapado, como ya lo había hecho, y no volver nunca; rehacer su vida lejos de su familia, pero enviarles dinero; regresar para vengar a su cuñado Hank y luego borrarse del mapa; cocinar desde la clandestinidad; etc, etc. Pero su muerte fue lo más triste y hermoso para esta serie, un final shakesperiano en el que todos (prácticamente todos) quedaban muertos. Walter White murió en su ley: murió salvando a su familia y eliminando a sus enemigos, murió como Heisenberg. ¡Y qué canción lo acompañó en ese cierre!

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