Modo mata moda: las estrategias de libertad de una generación disruptiva

Entrevistas 15/04/2020 . Hora: 12:32

Los primeros días de abril la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata liberó, de forma gratuita, el libro Modo mata moda. Arte, cuerpo y (micro)política en los 80, una investigación llevada adelante por Daniela Lucena y Gisela Laboreau y en la que cuentan con los testimonios del Indio Solari, Daniel Melero, Roberto Jacoby, Ana Torrejón, Martín Reyna, el Pollo Viola, Katja Alemann, entre otros. “Estamos muy contentas de ver cómo el libro circula, comentarios que nos dejan. Gisela, la otra autora, decía que la lectura es un pacto de encuentro. Entonces está bueno celebrar ese pacto en estos días”, contó Daniela.

Cuchi Calderón: ¿Cómo empezaron a componer la idea de este libro?

Daniela Lucena: Empezamos investigando los 80 porque queríamos indagar en experiencias que habían quedado un poco corridas de la historia del arte y de la historia política. Nos interesaba pensar iniciativas que nacieron en el contexto del terror dictatorial. Había mucho escrito sobre la censura, la represión, pero queríamos poner el ojo en estrategias de resistencia arriesgadas que pudieron nacer en ese contexto. Después con la democracia todo eso se multiplicó, se diversificó. Pero nos interesaba pensar esas estrategias de libertad que arriesgadamente muchos artistas habían puesto en juego para resistir y seguir creando.

CC: Hay una parte que dice que se configura una imagen de la marca y la década de los 80 y se preguntan cuál era el valor diferencial de las estéticas surgidas en ese espacio. ¿Qué encontraron?

DL: Para categorizarlo definimos cuatro estéticas: la de la colaboración, de la precariedad, una festiva y la contra estética vestimentaria. Queríamos pensar el diferencial de esa marca. Nos pasaba que un montón de gente nos decía que habían estado en el under y no nos daban los números. Entonces nos preguntamos por qué alguien quería decir que estuvo, qué significa eso como identidad o como marca generacional. Una vez un amigo antropólogo nos decía que los 80 son una marca. Una marca que tiene que ver con poner el cuerpo, crear espacios para el placer, pensar y crear colaborativamente y con pocos recursos. Tiene que ver también con desoir los mandatos de belleza, lo que hay que usar. No solo arriba del escenario fueron estéticas que desacomodaron mucho los valores vigentes en ese momento. Tenés desde una contracultura punk o lo que tiene que ver con lo más colorido. Y si no, tenés las prácticas travestis que eran sumamente disruptivas. Todo fue muy habilitador para que después sigan pasando otras cosas.

CC:En el título, que se le ocurre a Melero, ¿qué te parece que define?

DL: Esa frase fue increíble. Y Facundo Ábalos, el editor de La Plata, dijo que tenía que ser ese el título. Melero lo dice para hablar del modo de esa generación, que iba más allá de las modas. El hablaba de la tribu del estilo, lo pensaba para la ropa y cómo la vestimenta se volvía una contraseña para que los otros te reconozcan. Pero nosotras también pensamos más allá de la vestimenta: un modo muy particular de crear, hacer circular los materiales, encontrarse. Un modo que fue muy disruptivo, muy nuevo, y le abrió el camino a las generaciones siguientes. Muchas de las cosas de los 80 hasta hoy siguen resonando con mucha fuerza porque fueron novedosas y muy habilitadoras.

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